BALANCE DEL 13-M


      2.- SOBRE NUESTRO NÚCLEO DURO:

      Muy sintéticamente, podemos decir que la lucha de liberación sustenta a la lucha por la construcción nacional. La primera es necesaria en cuanto militancia práctica diaria y permanente, pero, en el nivel actual, insuficiente porque la simple lucha de liberación necesita dar el paso a la construcción nacional a partir de determinado momento de acumulación de fuerzas y, especialmente, para evitar el riesgo tristemente conocido por nosotros de anquilosarse en una pobre lucha defensiva, de numantina resistencia enrocada. Conviene recordar que a comienzos de la década de los noventa realizamos este debate y dimos el paso de la resistencia a la construcción pero siempre dentro de la irrenunciable continuidad de la lucha de liberación; un paso que enriquecía y ampliaba esa lucha pero que en modo alguno pretendía debilitar el concepto esencial de "lucha". Pues bien, pienso que hemos ido desplazando el peso, la carga y el contenido del concepto de "lucha" de su permanente vigencia de militancia abertzale con todos sus riesgos y esfuerzos, a una cada vez más abstracta, vacua e informe manera de parlotear sobre la construcción nacional. Por ejemplo, desde esta perspectiva autocrítica es como entiendo que en los debates del proceso Batasuna el concepto definitorio de "lucha de liberación nacional" esté bastante debilitado en algunas cuestiones. Y sin embargo entiendo que esa laxitud es una de las responsables de la bajada electoral y, a la vez, un serio aviso del imperceptible deterioro hacia la "normalización" que se empezaba a detectar en algunas áreas de la izquierda abertzale.

      Soy de los que opinan que esos algo más de 140.000 votantes que son el cerebro y el corazón de la izquierda abertzale en el tercio vascongado han comprendido que, por razones que luego explicaré, el pasado 13 de mayo era el día para votar recuperando y reactivando lo definitorio de la lucha de liberación. Lo han hecho a pesar de nuestras deficiencias y errores; lo han hecho manteniendo lo esencial de nuestra larga tradición de militancia abertzale en los peores momentos. ¿Quién puede decir que no les debemos un profundo reconocimiento? Quiero insistir en que es un reconocimiento también en lo teórico y en lo político, además de en lo emocional, porque esas muchas decenas de miles de votos nos están diciendo que la dinámica iniciada a mediados de los noventa, y expresada en la Alternativa Democrática hecha pública en abril de 1995, no sólo no es la correcta sino que no ha fracasado.

      Cuatro son, entre varias más, las razones que explican la cohesión teórica y práctica de ese poderoso núcleo consciente.

      Una, que saben o intuyen que el ciclo político estatutista y constitucionalista esta irremisiblemente agotado y que hay que presionar con todas las fuerzas para que el PNV y EA, además de otras fuerzas, superen sus ataduras e intereses y den el salto. Que esa intuición o sabiduría no se base en un conocimiento teórico profundo de los procesos internos y externos que han agotado ese ciclo es un problema cierto que puede agravarse con el futuro, en la medida en que, hasta ahora, sólo se ha explicado parcialmente uno de los componentes y factores de ese fin de ciclo, en concreto el que hace referencia a Euskal Herria. Pero olvidamos que el final de ciclo responde a cuatro cambios interrelacionados: Uno, se ha iniciado una fase histórica de acumulación capitalista mundial con sus sistemas de integración, regulación, etc., generando procesos que más temprano que tarde nos afectan a todos; dos, se ha iniciado una fase definitiva en la cuarta reordenación europea; tres, como respuesta a lo anterior pero también con sus causas endógenas propias aunque con ritmos y especificidades, los estados español y francés están respondiendo con nuevas estrategias y, por último, cuatro, igualmente como respuesta a los cambios exteriores pero también por presiones de la evolución interna vasca, en Euskal Herria.

      La simultaneidad de estos cambios propicia el desconcierto y la confusión, estados de ánimo que facilitan el proceso que va de la preocupación al miedo si no existe una explicación racional de su alcance y de las posibilidades que se abren por las nuevas contradicciones que generan. Desgraciadamente, desde la izquierda abertzale y desde el resto de izquierdas, la interpretación mayoritaria del problema no supera la simple palabrería sobre la "globalización", palabra ambigua y polisémica donde las haya, de modo que apenas somos capaces de dar una respuesta coherente y básica al por qué, al fondo histórico de los cambios que demuestran, primero, que el ciclo se ha acabado; segundo, que ese ciclo es más "global" de lo que pensamos superficialmente; tercero, que, dialécticamente, de la misma forma que tiene aspectos negativos también los tiene positivos; cuarto, que estamos en buenas condiciones para incidir sobre ellos y guiarlos, y, quinto, que en contra de lo que asegura el saber dominante, una de las "novedades" consiste en el fortalecimiento de la tendencia al ascenso de las identidades culturales, regionales y nacionales, con todos los problemas que ello añade. Este punto es tan simple de entender que no me voy a extender en repetirlo.

      Dos, que saben también que la contraofensiva española es eso, una contraofensiva, es decir, que responde a una previa y determinante ofensiva estratégica vasca. Esta segunda razón es muy importante porque demuestra lo erróneo de la decisión de votar al PNV-EA de esos algo más de 20.000 abertzales que lo han hecho. Nuestra base está curtida por más de dos décadas de lucha de liberación, primero contra el franquismo, luego contra la "transición", luego contra el pacto PNV-PSOE y contra la tendencia al enrocamiento resistente y numantino, y por fin contra el neofranquismo del PP. Ha vivido y sufrido altibajos espectaculares en las elecciones sucesivas, y ha aprendido a valorar la importancia crucial de mantener la lucha por todos los medios, incluido el voto en determinados días. Tras cada escisión interna, golpe represivo, estancamiento o retroceso electoral y caída en el pesimismo y derrotismo político, ha sabido reponerse y lanzar nuevas ofensivas consciente de que el Estado respondería con contraofensivas mayores. Estoy seguro de que la inmensa mayoría de esos algo más de 140.000 votos abertzales no sólo esperaban la próxima ferocidad española en respuesta a nuestro avance y osadía en los meses iniciales de Lizarra-Garazi, sino que también esperaban las dudas y el acobardamiento del PNV-EA y la huida de muchos revolucionarios de boquilla. Por eso, por esa experiencia teórica y práctica, no les ha extrañado lo ocurrido y nos han dado otra lección.

      Sí, nos han dado otra lección porque no se lo hemos puesto fácil. Conviene recordar las dificultades que tuvimos en la izquierda abertzale para comprender qué se estaba fraguando en la estrategia represiva española desde comienzos de los noventa, que estalló siniestramente en verano de 1997 y fue tomando cuerpo hasta aparecer definitivamente expuesta como nueva estrategia represiva conforme avanzaba el año 2000. Durante la tregua, no solamente dulcificamos y ablandamos nuestras denuncias históricas y prácticas al PNV, error que corregimos tarde y mal, sino que encima nos dejamos llevar por un optimismo excesivo y carente de rigor contextual, presentando un futuro idealizado y demasiado próximo: incluso pusimos fecha a la independencia. Después de la tregua, nos costó lo nuestro explicar las razones de la traición del PNV, cuando, como se ha comprobado, la inmensa mayoría de esos 140.000 lo tenían más claro de lo que creíamos. Y durante los sucesivos golpes represivos, y en medio de un clímax de más que probable ilegalización, apenas hicimos esfuerzos para combatir los lógicos efectos de, como mínimo, preocupación por las condiciones futuras de lucha abertzale, dejando el campo abierto a que en determinados sectores se iniciase el descenso en barrena del hiperoptimismo triunfalista del verano-otoño de 1998 al derrotismo pesimista posterior, para concluir en el voto miedoso al PNV. Así de difícil se lo pusimos a este consciente núcleo militante que, empero, siguió con la suya porque tenía otra razón.

      Tres, mal que bien y con diferencias, nuestro núcleo duro en el tercio vascongado ha aprendido a controlar y racionalizar el natural instinto de preocupación e inquietud ante la contraofensiva española y la huida ¿traidora? --después responderemos a esta pregunta-- del PNV de Lizarra-Garazi. Bajo un diluvio creciente de amenazas, insultos, golpes represivos y manipulaciones propagandísticas, esta base enorme se recuperó de todos y cada uno de los zarpazos y siguió adelante, dándonos una lección de autocontrol y coherencia. Desde luego que en algunos sectores de esta base existieron dudas sobre determinados aspectos de la lucha global y de la interrelación práctica de sus formas y métodos, pero ni esas dudas ni la inquietud por lo que se acercaba fueron suficientes para doblegar su larga experiencia teórica y práctica. Hemos de reconocer que en las primeras horas posteriores al escrutinio electoral del 13 de Mayo nosotros, la inmensa mayoría de nosotros, nos dejamos llevar por un pesimismo que obnuviló nuestra frialdad de raciocinio cayendo en el error de suplantar la parte por el todo, de absolutizar la parte pequeña, los que había votado al PNV-EA en detrimento de la parte grande, ese gran núcleo consciente. Y la prensa, lógicamente, multiplicó nuestro error de modo y manera que las muy importantes primeras interpretaciones propias, abertzales, de los resultados no expresaban un mínimo análisis ponderado y realista del problema.

      Parece como si no hubiéramos aprendido nada no sólo de los clásicos manuales de marketing publicitario que insisten en que toda presentación pública ha de ser siempre positiva y con dosis de optimismo realista, e incluso halagando a la gente que subconscientemente está predispuesta a aceptar lo básico de nuestro mensaje, sino que tampoco sepamos nada de nada de lo vital que es para la psicología humana disponer en los momentos cruciales de una visión esencial y panorámica, sintética y resumida, de la situación, permitiéndole guiarse en la confusión y encontrar un rumbo con una dosis de realismo esperanzado. La imprescindible frase gramsciana sobre el optimismo de la voluntad y el pesimismo de la razón encierra una esencial verdad epistemológica y de psicología de masas que no podemos explicar aquí pero que es tanto más urgente en esos instantes en los que hay que decir la verdad por dura que sea y a la vez, dentro de esa misma verdad y con pocas frases, hay que decir sus componentes positivos y negativos. Nuestra esperanza en que los efectos de ese error de precipitación sean relativamente escasos proviene de la última razón.

      Cuatro, la consciencia teórica que esa gran militancia abertzale tiene de las excelencias de la forma organizativa de la izquierda abertzale en su conjunto. Así, mientras desde los sectores que con diferentes excusas pontifican sobre los efectos negativos de la lucha armada, de la kale borroka, del empleo táctico y parcial del parlamentarismo, de las críticas y denuncias al regionalismo, etc., partiendo del supuesto exclusivo y excluyente de que lo decisivo es el aumento electoral y en escaños, por el contrario, el gran núcleo duro militante opina otra cosa diferente porque en su lucha de liberación nacional y por la construcción de Euskal Herria ha aprendido a valorar la importancia de los movimientos populares, de las organizaciones de todo tipo, etc. Esta cuarta razón explica el que las anteriores derrotas electorales abertzales hayan afectado menos de lo esperado desde criterios políticos tradicionales, oficiales y dogmáticos al conjunto de la izquierda independentista. Tener presente esta constatación histórica es importante ahora porque nos permite comprender que por debajo de lo que para nosotros ahora mismo es más o menos decisivo, sin negar su manifiesta importancia, es relativizado muy sabiamente por miles de militantes abertzales que se esfuerzan en sus múltiples campos de lucha y de construcción.

      Muchas lecciones nos pueden dar sobre la interrelación entre lo electoral, lo sectorial, lo nacional y lo internacional dentro del conjunto de métodos de lucha de nuestro pueblo, aunque, como hemos dicho, su comprensión de la globalidad de los cambios capitalistas sea más intuitiva que teórica. Sus lecciones innegables provienen de la experiencia militante en la calle, en el barrio, en los movimientos populares, etc., y en base a ella han desarrollado una teoría concreta del proceso de liberación nacional que ha demostrado su superioridad sobre las sucesivas teorías --socialdemócrata, stalinista, maoísta, trotskista, consejista y autónoma, marxista-leninista, etc.-- que la izquierda abertzale ha ido contrastando y superando desde la década de los sesenta del siglo pasado. Sin embargo, como veremos, la superación de estas teorías no ha dejado apenas un cuerpo teórico capaz de sintetizar todas sus experiencias y tras cotejarlas con otras luchas internacionales dar un paso adelante más enriquecedor. Así, por ejemplo, nuestros esfuerzos en euskara y cultura, prensa crítica y alternativa, feminismo, derechos democráticos elementales, ecología, movimientos populares y sociales, alternativismo, etc., muy válido para nuestra solidez interna, apenas han permitido crear una práctica que demuestre en la acción y en el proyecto de futuro que la izquierda abertzale dispone de modelo creíble y sólido capaz de atraer a otros sectores.

      Esta fuerza interna ha permitido capear el huracán represivo pero sus debilidades hacia fuera han repercutido negativamente sobre los círculos intermedio y exterior.


      3.- SOBRE EL CÍRCULO INTERMEDIO

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